El dueño es el Director Emocional de la empresa.

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Eric Edmeades en su curso: “Las claves de la libertad empresarial” brindado en una de las escuelas de crecimiento personal más reconocidas de los Estados Unidos: “Mind Valley”, plantea en su primera clase que los dueños de las empresas son los Directores Emocionales de la organización.

Desarrolla la tesis de que la resistencia emocional y el propósito de la empresa son los pilares de cualquier organización y que estos deben ser establecidos y reforzados por sus fundadores y/o cabezas de la empresa.

Respalda dicha posición con la narración que en algún momento todos hemos vivido. El dueño(a) de la empresa ingresa a la recepción, con costo saluda, dice entre dientes “buenos días”, va directo a su oficina y se encierra en ella. En el trayecto del día, posee algunos contactos con sus subordinados los cuales en su mayoría son para resaltar los desaciertos del negocio y al finalizar el día,  se va en silencio de la oficina.

Todas las conductas anteriores causan incertidumbre, estrés y la gran necesidad de los colaboradores en crear rumores y chismes de pasillo que son terriblemente perjudiciales en la organización. En este punto Eric Edmeades nos recuerda que “los empleados tienen una necesidad mayor de seguridad que los empresarios” y esta necesidad de seguridad es muy fácil de perturbar.

A mediados de esta clase, se vuelve a recalcar este impacto con la frase: “un buen día dura un día, pero un mal día, puede durar meses en el equipo de trabajo”. Todos los que hemos laborado varios años con personal, sabemos que es muy cercano a la realidad ya que los días difíciles, son mucho más fáciles de recordar por todo el personal.

El autor de “A dog´s life” aconseja a los dueños, resguardarnos hasta que logremos calmar la mente y las emociones, para poder tomar decisiones y retroalimentaciones con claridad, desarrollando de esta forma la resistencia mental.

El trato que le brindemos a nuestros colaboradores, proveedores y clientes tendrán un impacto directo en nuestro negocio. Por lo tanto, la mayor responsabilidad que tenemos los propietarios de una organización, radica muchas veces en el impacto que causamos con nuestras conductas, emociones y pensamientos.

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